Lidia y Adrián se conocieron en 2014 en su lugar de trabajo. Ninguno de los dos imaginaba que, cuatro años después, sus caminos se volverían a cruzar y surgiría la chispa entre ellos.
En ese entonces, más de 200 kilómetros los separaban, pero no pasó mucho tiempo hasta que Adrián, decidido, hizo las maletas y se mudó a Málaga para comenzar de cero junto a Lidia.
Cinco años después, mientras disfrutaban de un romántico viaje por el norte de España, Adrián decidió dar el gran paso. Se arrodilló frente a Lidia en lo más alto de San Juan de Gaztelugatxe, un lugar encantador en Bilbao, tras subir los 241 escalones que conducen a una ermita a 150 metros sobre el nivel del mar. Con el impresionante paisaje como telón de fondo, Adrián le pidió matrimonio y, emocionada, Lidia no dudó en responder: “Sí, quiero”.
Fotografías: Amanda Watt
Siendo ambos diseñadores gráficos y personas muy creativas, la planificación de la boda comenzó con una tormenta de ideas sin fin. “Tan solo teníamos clara una cosa: queríamos que la boda hablase de nosotros. Así que, como buenos fans de la saga de Harry Potter, nuestra boda se inspiraría en los valores de amistad, amor, empatía y superación”, explica Lidia.
Fotografías: Amanda Watt
Para la pareja, fue todo un reto desarrollar el storytelling que tenían en mente y explicárselo a su wedding planner. Tenían claro que querían una boda temática pero elegante, con toques sutiles de la saga dentro de un estilo moderno y actual. Los novios, muy implicados en el proceso, diseñaron la papelería, montaron la decoración y participaron en el montaje, mientras su familia les ayudó con las manualidades. Todos aportaron su granito de arena y, sobre todo, disfrutaron juntos del proceso, logrando una boda que fue fiel reflejo de su esencia y perfectamente coordinada.
Fotografías: Amanda Watt
En un abrir y cerrar de ojos, el gran día llegó. Las damas de honor, vestidas cada una con los colores de una casa de Hogwarts, hicieron su entrada con gran emoción. Seguidamente, la novia caminó hacia el altar bajo una mágica capa de encaje y, finalmente, ambos se dieron el “Sí, quiero” con unos anillos que emergieron de una Snitch Dorada, dejando al sacerdote completamente asombrado.
Fotografías: Amanda Watt
Tras la impecable y romántica ceremonia religiosa, la pareja y sus 150 invitados se trasladaron a la finca. Bajo un mágico “Sauce Boxeador”, los esperaba un córner de bienvenida inspirado en la sala común de Gryffindor, con la emblemática escoba Nimbus 2000, hecha a mano por su tía. Durante el cóctel, los invitados se divirtieron con el Sombrero Seleccionador, que pasó de mano en mano revelando a qué casa pertenecía cada uno. Un sencillo seating plan exhibía las mesas sobre un espejo, y una acróbata dejó a todos impresionados con su espectáculo en aro.
Llegó el momento del almuerzo. Los centros de mesa, lejos de las clásicas flores, fueron personalizados, cada uno inspirado en lugares y personajes icónicos de la saga, con acuarelas y objetos de la colección privada de los novios. La mesa nupcial sí estuvo decorada con flores, pero también con velas flotantes, que los novios encendieron con una varita mágica y un pequeño Espejo de los Deseos.
Fotografías: Amanda Watt
El sitting plan se realizó con las icónicas llaves aladas de la primera película, cada una escondiendo un mensaje específico para cada invitado. Los capitanes de mesa, por su parte, recibieron su propia varita y una botella para “hechizar a los muggles“. Como detalle especial, las chicas recibieron unas alpargatas para bailar cómodamente, mientras que los chicos fueron obsequiados con una cerveza malagueña reconvertida en “cerveza de mantequilla”.
Para cerrar con broche de oro, llegó la esperada mesa dulce, inspirada en el Callejón Diagon, con las clásicas grageas de Honey Dukes y monedas que salían del auténtico Banco de Gringotts. El primer baile estuvo iluminado por el hechizo “Lumos Máxima”, en forma de bengalas, dando paso a una gran fiesta con fotomatón y un glitter bar.
Los novios se sintieron protagonistas durante toda la noche y no pararon de bailar, rodeados de sus mejores amigos.
Y así, como la poción perfecta, su química y su amor se entrelazaron, creando un hechizo irrompible que perdurará por siempre en sus corazones.
Fotografías: Amanda Watt
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