Me habría encantado estar en vuestra boda”, dijo su hijo. Y así comenzó el sueño de volver a celebrarlo todo.
Desde que se conocieron en La Manga, Verónica y Jana supieron que lo suyo era especial. La conexión fue inmediata: compartían la mirada sobre la belleza de los pequeños detalles y un humor que las hacía inseparables. En 2013, sellaron su amor en una boda íntima junto al mar Mediterráneo. No era solo una celebración, era el inicio de una nueva etapa: querían formar una familia.
Once años después, con Álex y Lara como su mayor regalo, decidieron volver a celebrar el amor. Y no había mejor fecha que el 14 de septiembre, el mismo día en el que comenzó todo.
La chispa definitiva la encendió Álex, su hijo mayor, cuando confesó que le hubiera encantado estar en su boda. Con esa frase, Vero y Jana supieron que era el momento de dar forma a su sueño pendiente: una segunda boda, esta vez con toda su familia, nuevas amistades y los de siempre.
Desde el primer instante, tuvieron claro que Wendy, de Bodas de Cuento, era la persona indicada para crear la magia. Con ella formaron un trío perfecto, donde cada una aportó creatividad, sensibilidad y entusiasmo. El proceso fue una aventura en sí misma, divertida y muy emocionante.
Wendy captó a la perfección la esencia de Vero y Jana. Diseñó una decoración que respiraba elegancia mediterránea y feminidad chic: rayas suaves, flores en tonos pastel, tejidos ligeros y un mobiliario sofisticado. Con ayuda de Mafesa Integral y Le Granier, el espacio se transformó en un rincón italiano que parecía sacado de una escena de La Dolce Vita.
Ese estilo italiano, tan romántico y desenfadado, es pura inspiración para ellas. Les enamora la luz dorada del atardecer, los colores vibrantes y la alegría de vivir que transmite. Por eso, La Manga del Mar Menor fue el lugar perfecto para una boda con alma mediterránea, donde cada detalle tenía sentido.
La ceremonia al atardecer fue un espectáculo de luz y emociones. El cielo se tiñó de tonos cálidos y reflejaba, como un espejo, la alegría del momento. La música en directo acompañó el cóctel, mientras Vero, cocinera e influencer gastronómica, diseñaba un menú con guiños a la tierra murciana y sabores mediterráneos.
Ambas novias apostaron por la diseñadora catalana Immaclé para sus vestidos. Su estilo bohemio y personalísimo les ofreció justo lo que buscaban: autenticidad. Querían mirarse al espejo y reconocerse tal como son, más allá de cualquier convención.
Los invitados, por su parte, se sumaron al espíritu de La Dolce Vita con looks inspirados en el cine italiano clásico. Un grupo de amigas sorprendió a la pareja con una versión muy especial del tema “Qué hubiera sido” de Karol G, adaptado a su historia. Fue uno de los momentos más emotivos de la noche.
Tras la cena, todos se trasladaron a una discoteca para seguir celebrando. No hubo bandos, ni diferencias: solo una gran familia unida por el amor, la música y la felicidad compartida.
Para Álex y Lara, este día significó ver a sus madres renovar su promesa de amor, once años después. Para Verónica y Jana, fue una manera de recordar que el amor, cuando es verdadero, no tiene fecha de caducidad. Solo evoluciona, crece… y vuelve a celebrarse con más fuerza.
Una boda. Dos veces. El mismo amor.
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