Siempre tuya, siempre mío, siempre nuestros
Jacobo y Sofía se conocieron durante una cena sin pretensiones sobre la actualidad del Real Oviedo. Él, colaborador en emisoras deportivas; ella, periodista deportiva. Aunque no hablaron esa noche, Jacobo quedó cautivado por su energía.
Un mes después, se reencontraron celebrando el ascenso del equipo. Esta vez, él se atrevió a invitarla a salir. Ella, en pareja, rechazó la propuesta con elegancia. Pero algo se quedó en el aire.
Con el tiempo y ya libres, la atracción creció. La relación comenzó con altibajos, muy al estilo de Carrie y Mr. Big: pasional, caótica, inolvidable. La pandemia les unió bajo un mismo techo, pero el miedo al compromiso persistía. Sofía decidió marcharse, cansada de esperar. Aquella separación breve fue el clic que Jacobo necesitaba para volver decidido. Y así empezó una nueva etapa, consciente, fuerte… y llena de amor.
Sin esperar al protocolo, Sofía organizó la pedida. Eligió los Baños del Carmen, frente al Mediterráneo. Allí, al atardecer, lanzó una sencilla pregunta: “¿Nos casamos?”. Jacobo dijo sí. Un cuadro flamenco apareció para cantar Bailar pegados, la canción que sellaría su historia.
En el atelier de Manu García Oviedo, Sofía supo al instante que había encontrado su vestido. La conexión con Bego y Montse fue total. Juntas crearon un diseño sencillo, elegante y profundamente suyo.
Curiosamente, sus amigas Mar y Cristina también confiaron en el diseñador el año anterior. Tres mujeres, tres estilos, una sensibilidad común.
Para completar su look, Sofía eligió unos zapatos azul klein hechos a medida por Sandra Marqués, inspirados en los míticos “Manolos” de Carrie Bradshaw. Un guiño a su historia y a su carácter.
Jacobo confió en Bernardo Oviedo para su traje azul navy. Añadió chaleco celeste y corbata club. El resultado: un look clásico y seguro, como él.
Eligieron la ermita de San Pedro para darse el “sí, quiero”, con el mar como fondo. Después, celebraron en la Finca La Martona, en Candás, rodeados de quienes siempre creyeron en ellos. Fue una fiesta épica, como su historia.
Ambos cerraron sus votos con las mismas palabras: “Siempre nuestros”. Una promesa sencilla, sincera… y eterna.
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