Una boda con el mar como testigo fue la forma más honesta de contar la historia de Anna y Agus…
Una pareja unida por el Mediterráneo, la emoción y los pequeños detalles que convierten un día especial en un recuerdo eterno. Desde el primer instante, el mar estuvo presente como símbolo de su historia. No podía ser de otra forma.
Una historia de amor que comenzó en 2012
Anna y Agustí, al que ella llama cariñosamente Agus, se conocieron en 2012. Desde entonces, compartieron experiencias, viajes y momentos que los llevaron hasta uno de los lugares más especiales de su historia. Fue en el faro de Cavalleria, en Menorca, donde Agus le pidió matrimonio a Anna.
Por eso, el Mediterráneo se convirtió en el hilo conductor de su boda, un elemento emocional que estuvo presente en cada decisión y en cada instante del gran día.
Una boda con el mar como testigo en Finka 4.1, Alella
La ceremonia se celebró el 24 de mayo de 2025 en La Finka 4.1, un enclave rodeado de naturaleza y con impresionantes vistas al mar. Desde la primera visita, incluso bajo la lluvia, los novios supieron que ese sería el lugar perfecto para sellar su amor.
El entorno, la luz natural y la cercanía del Mediterráneo crearon un escenario sereno y elegante, donde cada detalle respiraba calma y belleza.
La mirada artística de Andrea Design Photography
Para inmortalizar cada emoción, Anna y Agus confiaron en Andrea Design Photography. Su estilo cercano y elegante consiguió capturar no solo imágenes, sino sensaciones.
Desde los preparativos hasta los momentos más espontáneos, cada gesto cómplice, cada sonrisa y cada abrazo quedaron reflejados con naturalidad. El resultado es un reportaje auténtico, lleno de verdad, que se convierte en un legado visual para toda la vida.
Una experiencia gastronómica que conquistó los sentidos
Tras la ceremonia, la celebración continuó en los jardines de la finca con un aperitivo dinámico y original a cargo de Sarova Catering. El showcooking de tortillas de patata, arroces y estaciones de quesos y jamón sorprendió a los invitados desde el primer momento.
El banquete mantuvo el mismo nivel de excelencia con una delicada crema de marisco con tartárica de gamba, seguida de un solomillo acompañado de tatin de verduras y salsa de vino aromático. El broche final llegó con postres gourmet como cheesecake con dulce de leche, frambuesas con crumble de chocolate y milhojas con crema de maracuyá.
Detalles florales y estilismo con identidad
El cuidado por los detalles fue una constante en toda la boda. El ramo de la novia, los prendidos y los regalos para los invitados fueron obra de El Taller de Kitina, aportando coherencia y delicadeza al conjunto.
La decoración floral, firmada por La Florería Barcelona by Mireia Font, respiraba frescura y romanticismo, integrándose a la perfección con el entorno natural.
Anna lució un vestido de alta costura de Rosa Clará, con pedrería bordada a mano, velo y una larga cola que reflejaba su elegancia natural. Agus eligió un traje azul marino de Xeviot, completado con unos gemelos en forma de avión que evocaban su pasión y su profesión.
Emoción, música y una organización impecable
La ceremonia estuvo oficiada por Manel, el hermano del novio, y estuvo marcada por discursos cargados de cariño. Uno de los momentos más íntimos llegó cuando Anna y Agus se leyeron los votos en privado, un gesto profundamente simbólico.
La organización del gran día estuvo en manos de Carolina, de Algo entre Manos, cuya experiencia hizo que todo fluyera con absoluta perfección. La música en directo de The Tutsies puso ritmo a la celebración y convirtió cada instante en un recuerdo imborrable.
Un día para siempre
La boda de Anna y Agus fue mucho más que una celebración. Una boda con el mar como testigo fue la unión de dos historias que confluyen en un paisaje lleno de significado, cuidado al detalle y cargado de emoción.
Un día auténtico, honesto y profundamente personal, que permanecerá para siempre en la memoria de quienes lo vivieron.
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