Un amor que nació una noche de verano y prometió para siempre frente al mar de la Costa Brava.
Marina y Joan se conocieron en julio de 2011, en una fiesta de verano. Aunque ambos veraneaban en la Costa Brava y habían nacido en la misma ciudad, nunca antes se habían cruzado. Sin embargo, esa noche todo fue distinto. Desde el primer instante sintieron una conexión especial, como si se conocieran de toda la vida. Bailaron, conversaron y, desde entonces, no volvieron a separarse.
Años después, decidieron casarse también en julio, el mes que marcó el inicio de su historia. Eligieron S’Agaró, frente al mar de la Costa Brava, el lugar donde tiempo atrás se habían prometido que algún día celebrarían su boda. Así que, finalmente, esa promesa se hizo realidad.
La elección del fotógrafo fue muy clara para la pareja. Contar con Franco Gribodo no fue casual, ya que para Marina y Joan el fotógrafo es una pieza fundamental en una boda. Es quien se encarga de capturar los momentos que permanecen para siempre. Su decisión se basó en su estilo, su trayectoria y, sobre todo, en la conexión que sintieron desde el primer contacto.
La pedida de mano fue una auténtica sorpresa para Marina. Aprovechando unos días en la Costa Brava, Joan le propuso ir a cenar al restaurante del Far de Llafranch. Durante todo el trayecto, él llevaba el anillo escondido en el bolsillo, nervioso y atento para que ella no lo descubriera. Con el mar como telón de fondo, mientras Marina señalaba unos barcos en el horizonte, Joan se arrodilló y le pidió matrimonio. Ambos recuerdan ese instante como uno de los más especiales de su vida.
Un año antes del enlace, reservaron la fecha en el Hostal de La Gavina, un lugar con el que siempre habían soñado para su boda. Para la organización y coordinación del gran día contaron con la ayuda de las wedding planners de Happines Begins. Juntos imaginaron cada detalle, apostando por una boda mediterránea, elegante y luminosa, en tonos blancos, verdes y dorados. Las invitaciones, diseñadas por Ormai, reflejaban ya el estilo del enlace con acuarelas de los lugares más significativos. Además, se creó un logo con las iniciales de la pareja, presente en toda la papelería y en los detalles para los invitados.
El día de la boda, siguiendo la tradición de las bodas catalanas, el padrino, mejor amigo de Joan, fue quien entregó el ramo a Marina con un emotivo discurso. En el ramo, Marina llevaba una medalla de la Virgen del Milagro, comprada en el Vaticano durante un viaje, como símbolo de protección y buena fortuna.
La ceremonia se celebró en la iglesia de Nuestra Señora de la Esperanza, un monumento protegido en S’Agaró, rodeado de cipreses y con vistas al Mediterráneo. La decoración floral, a cargo de Maitemach, llenó el espacio de hortensias, rosas y abundante vegetación, creando un ambiente delicado y lleno de magia.
Joan entró en la iglesia del brazo de su madre, luciendo un chaqué de Scalpers y accesorios cargados de significado, como los gemelos de Montblanc y una medalla perteneciente a su abuela paterna. Marina, acompañada por su padre, llevaba un vestido diseñado a medida por Antonia Serena Couture. Un espectacular traje de mikado de seda con escote bardot, encaje bordado a mano y una impresionante cola de dos metros y medio. El ramo de rosas blancas fue obra de MaiteMach, los zapatos eran de Pedro Miralles y las joyas incluían un broche familiar de más de cien años y unos pendientes de diamantes.
Tras la ceremonia, un trenecillo trasladó a los invitados desde la iglesia hasta el lugar de la celebración, evocando el espíritu veraniego de los pueblos costeros.
La celebración continuó en el Hostal de La Gavina, un emblemático hotel con vistas a la bahía de Sant Pol, por el que han pasado personalidades como Salvador Dalí, Ava Gardner, Elisabeth Taylor o Robert de Niro. El aperitivo se sirvió en los jardines, decorados con el mismo estilo floral que la iglesia. La gastronomía mediterránea corrió a cargo del chef Romain Fornell. Como sorpresa, un equipo de artistas realizó retratos en acuarela de cada invitado, que se llevaron como recuerdo del día.
El banquete tuvo lugar en la terraza, frente al mar y con una puesta de sol inolvidable. Las mesas, decoradas con velas y flores, creaban un ambiente cálido y elegante. Los novios hicieron su entrada en un Rolls Royce Silver Wraith Sedanca, dando inicio a una noche cargada de emociones. Durante la cena se entregaron ramos a las madres y hermanas de los novios, así como detalles a futuras parejas.
El pastel, de varios pisos de chocolate blanco y fresón del Maresme, reflejaba a la perfección la esencia de la boda. Tras el brindis, la fiesta continuó entre luces y música. Para ese momento, Marina lució un segundo vestido de Antonia Serena Couture, pensado para bailar y disfrutar hasta el amanecer.
Una boda de verano, junto al mar, que celebró el amor de Marina y Joan y dio comienzo a una vida compartida llena de momentos inolvidables.
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