Novias de España

De Navarra y Aragón

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Novias de España 77

Desde los primeros preparativos y hasta el último baile, cada momento de la boda de Ana y Raúl fue cuidadosamente pensado para reflejar su felicidad, y hacer disfrutar a todos sus invitados. 

Fotografías: Carla Carcas

Cuando comenzó la búsqueda del vestido, Ana supo que debía ser diferente. Fue un flechazo a primera vista, al visitar la tienda enseguida se enamoró del primer vestido que se probó. Un diseño de alta costura italiana lleno de carácter, elegante y moderno.

Los complementos no fueron menos: las horquillas realizadas con cristales de Swarovski y piedras de nácar aportaron una dosis de sencillez al look creando una armonía perfecta. Los zapatos reflejaron elegancia y comodidad. Y las joyas, aportaron el valor sentimental, al ser regalos familiares.

El ramo de novia reflejaba un estilo sencillo y, al mismo tiempo, perfectamente trabajado para transmitir una delicada apariencia de espontaneidad. Como apasionada de las flores, confió en su equipo de organización para que todo encajara en armonía con la decoración de la iglesia, donde predominaban los tonos blancos en composiciones elegantes y actuales, realzadas por la presencia de peonías blancas.

La novia optó por un recogido clásico con un delicado acabado aterciopelado que, horas más tarde, le permitió soltarse el cabello para disfrutar del baile con naturalidad. El maquillaje, sutil y luminoso, realzó su belleza sin necesidad de excesos, aportando frescura y armonía a su conjunto.

El novio, por su parte, vistió un chaqué confeccionado a medida, impecable en cada detalle y con una elegancia serena. Completó su atuendo con calzado de estilo sobrio y distinguido, que reflejaba fielmente su personalidad y carácter.

El lugar elegido para el “sí, quiero” fue la iglesia de Santa Martín de Tauste. Para la pareja, celebrar su unión en este templo fue una manera de honrar su amor por lo suyo y su conexión con la tierra, pues la virgen de Sancho Abarca lució un manto con los escudos de Navarra y Aragón. Todo en una ceremonia emotiva y profundamente personal. El conjunto coral, acompañado del órgano, llenó el espacio de una atmósfera celestial convirtiendo el momento en algo eterno. Tras la eucaristía la novia realizó una acción de gracias que emocionó a todos los asistentes, sobre todo a Raúl.

Finalizada la ceremonia una de las sorpresas más esperadas fue el momento en que los novios bajaron las escaleras con Gotxo, su mascota, un perro labrador marrón chocolate, de tres años.

El cóctel, servido en los jardines, fue una experiencia gastronómica viva y cuidada. El aperitivo elegido sorprendió a todos con su propuesta por la tierra y su calidad.  Cada estación de comida estaba pensada para disfrutar, conversar y brindar. Un momento que también estuvo capturado con ilustraciones de los invitados en directo.

Posteriormente los invitados fueron guiados hacia el restaurante. Entre risas, brindis y platos exquisitos, se sucedieron los regalos, los gestos cómplices y las miradas que decían más que las palabras.

Finalizado el postre, los invitados salieron al exterior, para comenzar la barra libre en la discoteca donde les esperaba una sorpresa: El baile de los novios, el prólogo perfecto antes de comenzar a disfrutar en la pista de baile.

Para este momento Ana cambió su vestido complementándolo con un tocado, una pieza reconvertida que había lucido su madre el día de su boda. Un toque sofisticado, que ayudó a los novios a moverse al compás de su vals favorito “23 de junio” de Vetusta Morla.

La fiesta siguió con una hora loca llena de guiños a las mexicanas que tanto gustan a Raúl, complementos divertidos, servicio de bandeja de gominolas con alcohol de Dulces Locuras y tatuajes para los invitados más atrevidos.

La mirada artística que acompañó cada instante supo capturar emociones con una sensibilidad única, convirtiendo cada imagen en un recuerdo vivo. Las fotografías de aquel día no solo muestran escenas, sino que transmiten el alma de la celebración: auténtica, cuidada, divertida y profundamente emocionante. Un reflejo fiel de lo que significó esa boda, que quedará para siempre en la memoria y en el corazón de quienes la vivieron.

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