Todo comenzó una noche de verano de 2022. Nadia paseaba a su perro Coco, y su vecino Alberto paseaba a su perra Lana.
Fotografías: Rubén Flores
Después de un año como vecinos, esa cálida noche coincidieron bajo una brillante luna, donde tuvieron una conversación que despertó la curiosidad de saber más el uno del otro.
Dos noches más tarde tuvieron una cena, en la cual ambos no esperaban encontrar una gran conexión. Inesperadamente, aquella cena cambió sus vidas, ya que empezaron a convivir desde ese mismo momento. Día a día se fueron descubriendo y creciendo como pareja, hasta que el 9 de septiembre de 2024, en uno de sus muchos viajes, llegó la gran sorpresa. En Mallorca, bajo una puesta de sol inolvidable en Sa Foradada, con un clima perfecto, un paisaje idílico y una luz especial, Alberto le pidió la mano a Nadia. Ella, totalmente sorprendida, le dio el “sí, quiero”.
La aventura de esta pareja continuaba, ahora con una nueva y gran ilusión: preparar el día más especial de sus vidas, su boda. Con nueve meses por delante, comenzaron a buscar y a soñar. Ellos tenían claro lo que querían: una boda íntima, con las personas más importantes y que forman parte de sus vidas, en un entorno verde, natural, al aire libre y con muchos detalles llenos de cariño para sus invitados.
Y sin olvidar lo más importante, el traje de novio y el vestido de la novia. Alberto tenía varias ideas claras por su estilo propio, y junto a su hermano y su gran amigo Jorge, salió a buscar su traje. Lo tuvo claro: ese primer día, en la segunda tienda donde fue, encontró el que sería el traje para su boda. Por otro lado, Nadia comenzó a ver vestidos, siempre muy bien acompañada, y encontraba diseños bonitos, pero por más que probaba, no era el vestido. Todo cambió cuando vio un vestido del famoso diseñador Manu García. Esto la llevó a Manu García Atelier, en Barcelona, donde conoció a Trini, una experta asesora. A dos meses de la boda, Trini consiguió darle a Nadia su vestido, una prenda especial que tenía todo lo que la novia buscaba: un diseño atemporal, elegante, de líneas limpias y un toque sexy. Y así, Trini y Andrea, la costurera del atelier, crearon el vestido perfecto y de máxima calidad.
Y llegó el gran día, el 4 de julio de 2025. Un día lleno de expectativas, de ilusión, de amor, un cóctel de emociones. Allí estaba Alberto, elegante y nervioso, esperando a Nadia. Y llegó el momento: parecían no ver a nadie más, no podían dejar de mirarse a los ojos, sonrientes y emocionados, y se dieron el “sí, quiero”. Todos disfrutaron de cada detalle, de cada momento especial, ya que hubo muchas sorpresas durante toda la celebración. Los fuegos artificiales dieron paso al baile de los novios. Toda la boda fue en exterior, en un gran jardín, y en pleno baile, comenzó a llover. Continuaron bailando bajo la lluvia, disfrutando al máximo de aquel momento pasado por agua. Todos estos momentos quedaron enmarcados gracias al fotógrafo Rubén Flores.
Aquel 4 de julio, lo que empezó con un encuentro casual mientras paseaban a sus perros se transformó en la celebración vibrante y auténtica de dos personas que se eligieron. Su boda fue el reflejo perfecto de su historia: elegante, personal y llena de emoción, un punto de partida lleno de ilusión para todo lo que la vida les deparará.
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