La historia de Helena y Jordi se remonta a octubre de 2013, cuando sus caminos se cruzaron en un curso para emprendedores de Barcelona Activa.
Jordi, recién llegado de un viaje por Australia, buscaba montar su propia empresa, y Helena participaba como premio de un concurso que había ganado. Después de unos meses compartiendo aula, Jordi comenzó a hablarle, y un día quedaron para una excursión a la montaña. La conexión fue inmediata, pero la primera cita oficial llegó después: pizzas en un italiano, cervezas en un bar y el primer beso al son de Sin Documentos de Los Rodríguez. Desde aquel día, no dejaron de hablar.
Para la pedida, Roma fue el escenario elegido, una ciudad especial para ellos. Para el 30º cumpleaños de Helena, Jordi le regaló un viaje a la Ciudad Eterna. El 24 de septiembre, alquilaron una moto para recorrer Roma, y Jordi preparó un pícnic en Villa Borghese. Después de comer unas pizzas, se tumbaron bajo los árboles a echar una siesta. Al despertar, Jordi le entregó el anillo. Fue un momento muy suyo: sencillo, precioso y lleno de ilusión.
Preparar la boda fue una experiencia que disfrutaron gracias a la labor de su wedding planner, Miriam de La Áche. Desde el primer día, notaron su experiencia: la organización impecable, los comparativos de proveedores y la transmisión de calma. Esto les permitió centrarse en imaginar las emociones que querían transmitir, mientras Miriam se encargaba de la logística. El resultado fue una boda que los representaba por completo, cuidada hasta el más mínimo detalle.
El “sí, quiero” de junio de 2025 recreó una cena de verano tipo verbena en la Costa Brava, justo como lo habían imaginado. La ceremonia fue muy emotiva, marcada por los discursos, la presencia de los abuelos de Helena y la emoción de quienes viajaron desde lejos. El catering Delokos sorprendió a todos por su calidad y atención al detalle. Para inmortalizar cada instante de este día mágico, la pareja confió en Rubén Larruy. Su mirada fue la encargada de capturar la luz especial de la verbena de verano, las miradas cómplices y la intensidad de una celebración tan personal.
Uno de los recuerdos más bonitos fue ver a familia y amigos de tantos lugares reunidos para celebrar juntos su amor y la vida. La fiesta final, con música en directo, fue el cierre perfecto: bailaron hasta tarde con la sensación de haber vivido una noche única e irrepetible.
Su historia se teje con muchos instantes: las primeras escapadas a la Costa Brava, el viaje a Indonesia, los slow mornings de domingo o los paseos por el barrio. Todos esos momentos, grandes y pequeños, fueron el hilo conductor que los llevó a su día inolvidable.
El “sí, quiero” de Helena y Jordi fue la celebración de una década de conexión, compañerismo y sencillez. Fue una noche de verano convertida en fiesta, que demostró que las grandes historias se construyen con momentos auténticos y que la mejor aventura es la que se comparte.
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