Fotografías: Andrea Design Photography
Lorena y Luis Ángel celebraron su boda el 4 de octubre de 2025, culminando así una historia de amor construida a lo largo de más de once años de relación y una preciosa familia en común junto a su hija Julia
Aunque la idea de casarse llevaba tiempo formando parte de sus vidas, el momento definitivo llegó cuando comprendieron que no existía mejor ocasión para celebrar su historia que rodeados de todas las personas importantes que les habían acompañado en el camino.
Su historia comenzó una Nochebuena de 2014. Antes de conocerse en persona, ambos habían empezado a hablar a través de una red social gracias a un amigo en común. Conversación tras conversación, la conexión fue creciendo hasta que decidieron verse aquella noche tan especial. Entre nervios, risas y emociones difíciles de explicar, nació una complicidad que marcaría el inicio de una relación sólida, natural y profundamente unida.
La pedida de mano llegó tiempo después, cuando Lorena estaba embarazada. Sin embargo, entre la llegada de Julia, la pandemia y varias oposiciones, la boda fue aplazándose. Finalmente, en junio de 2025 comenzaron a visitar espacios y restaurantes para celebrar el gran día. Todo sucedió de forma rápida e ilusionante: eligieron el lugar, comenzaron con las invitaciones y sorprendieron a familiares y amigos con una noticia que muchos ya casi no esperaban. Las invitaciones, diseñadas en tonos verde menta y salmón, anunciaban la noticia con una frase tan sencilla como significativa: “Hemos tardado pero… ¡nos casamos!”.
La ceremonia tuvo lugar en los jardines del Restaurante El Bohío, un espacio reconocido por combinar elegancia, gastronomía y un entorno especialmente cuidado para celebraciones al aire libre. Rodeados de naturaleza y en un ambiente íntimo y acogedor, Lorena y Luis encontraron el escenario perfecto para dar el “sí, quiero” junto a sus familiares y amigos. La ceremonia civil, celebrada en una luminosa mañana de octubre, estuvo marcada por una atmósfera serena y muy emotiva. El tiempo acompañó de forma excepcional, regalando una jornada de temperaturas suaves y un cielo completamente despejado que permitió disfrutar plenamente de cada instante en los jardines y rincones exteriores del espacio
La elección del vestido de Lorena fue mucho más sencilla de lo esperado. Tras visitar únicamente dos tiendas, encontró el diseño perfecto en Azahar Novias. Allí, acompañada por su hija Julia, descubrió un vestido elegante, cómodo y muy fiel a su personalidad. El diseño destacaba especialmente por su espalda completamente descubierta y por una delicada torera confeccionada con el propio velo del vestido, creada pensando en la posibilidad de que refrescara y convertida finalmente en uno de los grandes aciertos del look nupcial.
Las joyas también reflejaban la naturalidad y sencillez de la novia. Poco acostumbrada a llevar complementos, Lorena apostó por unos discretos aros con brillantes a juego con su alianza. Además, lució una pulsera de plata con brillantes de gran valor sentimental, regalo de su prima María, junto a su anillo de compromiso: una alianza de oro blanco cubierta de diamantes que Luis le entregó en la pedida de mano.
El ramo era exactamente como siempre lo había imaginado: un bouquet preservado en tonos pastel, adornado con hojas de eucalipto y pequeñas rosas de pétalos blancos y rosados. El detalle más especial lo aportaba un lazo de terciopelo turquesa, el mismo tono elegido para los zapatos y convertido después en el hilo conductor de gran parte de la decoración y los pequeños detalles de la boda.
Precisamente los zapatos fueron uno de los elementos más difíciles de encontrar. Lorena buscaba un diseño cómodo, elegante y de tacón bajo. Después de recorrer numerosas tiendas y comprar varios pares sin éxito, fue finalmente su prima quien encontró en Alicante los zapatos perfectos: sofisticados, turquesa y exactamente como ella los había imaginado. A partir de ese color se coordinó buena parte de la estética de la boda, desde el lazo del ramo hasta la ropa de Julia, las tarjetas de las mesas o los complementos del padrino.
Un papel especialmente importante durante toda la boda lo desempeñó Fredy, de Andrea Design Photography, fotógrafo y amigo de la pareja desde hacía años. Cuando Lorena y Luis le propusieron encargarse de inmortalizar su gran día, aceptó sin dudarlo a pesar de tener ya otra boda prevista. Para ellos, trabajar con él resultó sencillo, cercano y completamente natural, algo que les permitió sentirse cómodos y disfrutar plenamente de cada instante frente a la cámara.
El maquillaje y el peinado siguieron también esa misma línea natural y elegante. Gracias a la recomendación de Fredy, Lorena encontró a la profesional que la acompañaría durante los preparativos en casa, permitiéndole vivir ese momento con tranquilidad y comodidad. Eligió llevar el cabello suelto, ligeramente ondulado y recogido hacia atrás con delicadas trenzas adornadas con pequeñas flores a juego con el ramo. El maquillaje, suave y luminoso, reflejaba perfectamente su estilo.
Luis, por su parte, dudó entre el clásico traje de novio y un elegante esmoquin negro, una opción más atrevida y mucho más acorde con su personalidad. Durante las primeras pruebas acudieron juntos, ya que ambos tenían claro que el traje debía convencerles a los dos. Sin embargo, todo cambió en el instante en el que Lorena le vio aparecer con el esmoquin. Su reacción fue suficiente para que Luis entendiera que había encontrado la elección perfecta. Aun así, decidió mantener el secreto hasta el día de la boda, soportando durante semanas los intentos de Lorena por descubrir cuál sería finalmente el traje elegido.
Uno de los momentos más emotivos de la ceremonia fue la entrada de Lorena del brazo de su padre mientras sonaba “Love of my life”, de Queen. Delante de ellos caminaban Julia y su sobrino Carlos, encargados de llevar los anillos. Ver a todos sus seres queridos emocionados y encontrarse con Luis esperándola visiblemente emocionado convirtió ese instante en uno de los recuerdos más especiales del día.
La ceremonia estuvo cargada de emoción gracias a las palabras de familiares y amigos cercanos, así como al emotivo final bajo una lluvia de pétalos mientras sonaba “La vida es bella”. También fueron especialmente conmovedores los regalos dedicados a sus padres: unos cuadros personalizados acompañados por una réplica en miniatura del ramo de novia. Además, Lorena sorprendió a tres personas fundamentales en su vida —su prima María y sus amigas Irene y María— con unas pulseras cargadas de significado, acompañadas por la canción “Qué bonito es querer”, de Manu Carrasco.
Otro de los grandes momentos llegó con la proyección de un vídeo sorpresa preparado por Lorena para Luis. A través de fotografías que recorrían toda su historia juntos, desde sus comienzos hasta el presente, ambos revivieron más de una década de recuerdos mientras sonaba “Pero a tu lado”, de Los Secretos. Para Luis, aquel instante fue, sin duda, el más emotivo de toda la boda.
Los invitados recibieron distintos detalles personalizados: cerveza artesana para los hombres, tazas rellenas de bombones para las mujeres y cajitas de chuches para los más pequeños.
La tarta nupcial fue elaborada por Maro Valles, quienes prepararon una espectacular tarta de piñones como homenaje a la tierra de pinares de los novios.
Tras el gran día, Lorena y Luis pusieron rumbo a Tailandia para disfrutar de su luna de miel. Durante diez días recorrieron templos, calles llenas de vida y rincones inolvidables, descubriendo una cultura fascinante y viviendo una experiencia marcada por la desconexión, la aventura y la felicidad compartida.
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